jueves, 7 de junio de 2018

LA FUERZA DEL AMOR



LA FUERZA DEL AMOR

Cuando el esplendor de la juventud continúa en ti...
Cuando tratas de ser tronco en vez de flor...
Cuando tu oscuridad no llega aún
y todo es inútil por para apagar tus años...
Cuando la Vida te preña de vida
y tus luciérnagas pululan
en tus veranos perpetuos...
Cuando tratas de que la noche te narcotice,
pero tu alcoba se llena de visillos al aire,
del aroma del jazmín y los dompedros...
Cuando tu boca necesita ser besada
en un inmenso beso, sin preámbulo alguno,
por la boca de quien amas...
Cuando lo inexistente
está lleno de páginas escritas
quedando aún muchas en blanco...
Cuando notas que revientas de gozo
y tus lágrimas manan de tus ojos como un torrente...
Cuando lloras su ausencia
y la impaciencia, como escarpias,
brotan de los dedos de tus manos...
Cuando sientes y sabes con certeza
que tu nombre está siempre en sus labios
y que eres la razón de su sonrisa...

es que el amor te ha favorecido
con el muro inquebrantable de su fuerza.

Fuengirola, 7 de abril de 2016

IMPOSIBLE PONERTE TÍTULO, POEMA

IMPOSIBLE PONERTE TÍTULO, POEMA

la hoquedad de un corazón sin amor
porque tú tampoco llenas de amor a nadie.
El timbre de la puerta que nadie toca
porque tú no tocas el timbre ajeno.
Esa mueca apática sin alegría alguna
porque tú no causas una sonrisa a nadie.
La desgana constante de una energía muerta
porque te empeñas en lamer tus miserias.
la inexistente expectativa de un futuro blanco
porque tus poros destilan necedad.
Esas suelas limpias, ajenas a la Vida
porque el egotismo es tu único aliado.
El silencio oscuro de una boca sin interlocutor
porque te aislas y tú mismo creaste tus tinieblas.
Esa noche perpetua sin estrellas ni luna
porque no se las ofreces a nadie tampoco.
La calle vacía y sin farolas encendidas
porque temen la oscuridad de tus pasos.
La inmarchitable congoja de un alma apaleada
porque te niegas a pasar página.
La indiferencia de la gente, sabedora de la tuya...
¿Reaccionas?
¿Me escuchas?
¿Me sientes?
Nunca ocurrirá eso si tu único mundo eres tú.

Málaga, 17 de junio de 2017.

A MI LADO

A MI LADO

Te tengo aquí a mi lado.
La noche se ha metido
en nuestro cuarto
a través de la rendija de la persiana.
Oh, cómo huele la noche.
Unos hombres riegan la calle.
El motor del camión cisterna
ruge cerca de aquí.
En unas horas
la gente se despegará
de sus sábanas calientes
y será entonces
cuando mi sueño se habrá establecido.
Pero mientras tanto,
te tengo aquí a mi lado
disfrutando de tu paz, de tu descanso.
El camión se acerca
y cerré la ventana.
No quiero que nadie perturbe tu sueño.
Y ahora será yo
quien entre en tu soñar.
Juntos volaremos por Oriente
en una alfombra teñida de añil
y acabaremos en un alminar dorado
cerca de la luna y los luceros
oteando la ciudad
y disfrutando del aroma
del jazmín imperial,
de la fragancia de las especias
hasta que la mañana baje el telón
y disipe todo ese encanto
tan débil como el rocío.
Ya me llama, la oigo.
Mi almohada me dice
que ya está lista
para narcotizarme con su blandura.
Y te sigo teniendo aquí a mi lado
mientras perfumo nuestra alcoba
con tu amor y el mío.

Málaga, 4 de mayo de 2015.

EL PUENTE DE MI ESPERA

EL PUENTE DE MI ESPERA

Yo iba desnudo por la acera
contemplando las farolas apagadas.
En nuestro puente te esperé sonámbulo
para mostrarme frente a ti sin nada,
sólo con mi amor y las candelas
que ardían en mí, por ti atizadas.
Cuando llegaste, me encontraste
con tu luz en mi mirada
y yo enmudecí de gozo
cuando tus manos exploraron mi garganta,
deseando que mi voz te bienquisiera
con todo el  verbo amar en mis palabras.
Oh, cariño de mis cariños,
cómo quise que tus labios me besaran,
que dejaras sin más besos mi boca
allí solos tú y yo con nuestras almas.
Tu cubriste con tu abrigo mi vergüenza
y volvimos muy despacio hacia mi casa.
Retraté cada pisada que anduvimos
para luego volver solo a caminarlas.
Desde entonces fue ambulante tu presencia
llenando con tu amor cada ventana,
para luego continuar con mis tinieblas
arañando con tu adiós toda mi calma.
Las farolas se alargaban en la acera
a medida que mi voz te sollozaba.
Cuánto llanto dibujabas en tu rostro,
en tu voz y en tus trémulas palabras.
Y la casa se quedaba tan vacía,
tan vacía y tan oscura se quedaba,
que soñaba con el puente de mi espera
deseando oír la voz de tus pisadas.

Ya se fueron para siempre tus adioses.
Te impregnaste en cada muro de la casa.
Ya los años esculpieron nuestra historia
cinceladas beso a beso y sin palabras.
Para siempre latirán nuestras canciones.
Hasta el día en que no exista ni una lágrima.
Para siempre seguiremos lado a lado.
Hasta el día en que no sea la Vía Láctea.

Fuengirola, 25 de febrero de 2017.

CITAS PROPIAS

87.- Si hieres susceptibilidades, no pretendas que encima te pidan un autógrafo. Sólo cosecharás
       antipatía y nadie estará dispuesto a ser empático contigo.

88.- Cuando la Felicidad te diga "Hola! contéstale, no te agazapes a tu timidez o a tu apatía. revienta
       como un chilindro en primavera y bébete la Vida.

89.- Cuando a alguien no le importe arañar tu felicidad, ten por seguro que te quiere bien poco. Aléja-
        te de ese ser oscuro.

90.- Es lamentable que exista gente demonia que logra enemistarte con tus seres queridos. Pero es
        más lamentable aún que éstos hayan creído su malintencionado informe sobre nosotros. Ambas
       partes me parecen despreciables y miserables.
       Dios sabe muy bien de mi corazón y con éso me basta.

91.-La Vida te quita seres queridos, te las arrebata como si sintiera celos, envidia, pero lo que no pue-
      lograr es vaciarte el corazón donde continúan viviendo en ti.

92.-Me parece de lo peor que se sienten a mi mesa -lo más sagrado para mí- y que cuando estén
      bajando por las escaleras de mi casa me comiencen a criticar. ¿Se puede ser más ingrato y menos
      apreciativo? Pues a mí me ha pasado.


ROMANCE DE UN AMOR INEXORABLE

ROMANCE DE UN AMOR INEXORABLE

Allí estaba yo solo
con mi soledad a cuestas,
sentado en el arriate
de dompedros y azucenas
cuando le ví llegar
agotado y sudoroso,
tras dejar atrás su senda
de varios soles y lunas,
de polvo y de carretera.

-Me da un vaso de agua?

Me pidió inclinando su cabeza
en un saludo triste y mudo
de timidez y vergüenza.

-Beba usted de este botijo,
que da siempre agua fresca
y siéntese bajo la parra

Fue mi única respuesta.
El agua resbalaba de su boca
carnosa como una fresa,
serpenteando por su cuello
igual que una lágrima extensa.
Su camisa desabrochada
me mostró su piel  morena,
sus brazos fuertes de hombre,
su hermosura y su destreza.
Le sonreí y callé.
Él miraba la dehesa
y en un segundo, mi sangre
se removió de tal manera,
que ni el torrente más grande
calmaría mis candelas.
Cuánta dicha hubo en mi alma.
Cuánto dolor y miseria.
Mis labios lloraban, reían,
sabedores de mi pena,
de mi pena y mi alegría,
de mi risa y mis carencias.
Querían pronunciar su nombre,
darle mi luna y  mi estrella,
ofrecerle mis senderos,
mi vida entera, mi hacienda,
tatuármelo todo entero
con tinta imborrable y densa
para sentir mis caricias
sobre su cuerpo de hierba.
(Y si no entiende mi arrobo?
y si ofendo su entereza?)
No hizo falta confesión alguna.
Él comprendió la certeza
que nació en mis adentros
y me miró con fijeza.

Nuestros labios se juntaron
en un beso eterno y mudo
sin mirarnos tan siquiera.

La noche se establecía.
Un cielo de nubes quietas
sobre las aguas calmadas
del aljibe y las acequias
dibujó espejos azules
amarillos y magentas.

Las calles del pueblo cerraron
miradores y cancelas
cuando veían a dos hombres
de la mano por la acera.
Ay, los murmullos de la esquina.
Ay, mis silencios de fiera.
Qué desdén el de sus ojos.
Qué pecado en esas lenguas.
Qué manera de ensuciarnos.
Qué inmundicia y qué miseria.
Qué de rezos pretenciosos
en alcobas y en iglesias.

Yo le amo y él me ama.
Contra esto no hay sentencia.
El amor nos purifica,
emblanquece el alma entera,
nos vacía de los oscuro,
nos contagia de pureza,
nunca duda ni maldice,
jamás teme ni sospecha.
El amor sólo es un ramo
que nos da la primavera
de gardenias y amarantos,
de caricias y sorpresas.
¿Quién cuestiona nuestro idilio?
¿Qué frustración lo genera?
¿Quién maldice nuestros besos,
la verdad de mis querencias?

Dejémosles con su rabia,
con su mofa y decadencia.
Que sigan, que se harten.
El amor es resistencia.
No hay nada que lo doblegue.
Somos lo único que cuenta.
Esto será para siempre.
hasta que me muera o te mueras
y hasta después de la muerte,
dos cenizas, dos pavesas,
seguirán destilando amor
en cada siglo que venga.
Málaga, 1 de julio de 2017.

domingo, 26 de febrero de 2017

SI NO ESTUVIERAS TÚ

SI ESTUVIERAS TÚ...
Si no tuviera tu mirada
estaría aún esperándola
porque es imposible mirar otros ojos.
Si no escuchara tu voz
tendría la música,
pero ni la mejor sinfonía
podría igualarse a tus palabras.
Si no estuvieras tú
mis ojos continuarían escudriñándolo todo,
pero te tendría que inventar
para tenerte a toda costa.
Si tu risa no chocara con mi piel
y no sintiera el regocijo que me da
¿de qué servirían mis payasadas?
El amor no da la felicidad,
pero sí la dicha extrema.
Por eso se puede ser feliz sin amor,
pero con el tuyo se es dichoso.
Si no estuvieras tú
ignoraría el tamaño del amor,
por eso sé que es imposible medirlo.
Si yo no te tuviera
continuaría teniendo mil cosas por las que vivir,
pero no vivir para ti
causaría extrañeza en mi alma.
Si no estuvieras tú
-marcapasos de mi corazón-
se apagarían mis latidos
como las farolas al amanecer,
que esperan brillar de nuevo
en las penumbras de la noche.

Para ti, con tu amor y el mío, en este séptimo año juntos.
29 de marzo de 2015.

UNA NANA PARA MI MADRE

UNA NANA PARA MI MADRE
Duérmete.
Deja que hoy sea tu padre.
Acurrúcate en mis brazos y
escucha cómo te canto:

"Ea la ea, ea la ea.
Vete a recoger flores.
Bendita seas
y cuando las tengas todas
vuelve a por mis besos."
Que el día venga a por ti
entre jazmines y rosas.
Afuera esta la primavera
acurrucada en una acera
con un collar de lirios
llorando por tanta espera.
Somnolienta dice a las lilas:
"¡No florezcáis, esperad...!
Sólo cuando esté lista
hacedle un lecho con vuestros racimos".
Te quiere llevar a esa cima
donde le ordenan que florezca
para que seas siempre
su musa soñada
y pinte a las flores
con la alegría de tus colores.
Cierra los ojos, no me mires...
No quiero que veas mi llanto.
Siénteme feliz
como me enseñaste a serlo.
"Ea la ea, ea la ea.
Vete a recoger flores.
Bendita seas
y cuando las tengas todas
vuelve a por mi sonrisa"
Madre, que hoy no soy tu niño.
Recuerda que soy tu padre.
Déjame serlo por hoy.
Siente mi mano en la tuya
cuando al irte me suspires.
Hoy soy yo el que te mece
en la silla de enea
para que te duermas.
Hoy será mi corazón
el que escuches
cuando reposes en mi pecho.
"Ea la ea, ea la ea
Vete a recoger flores.
Bendita seas
y cuando las tengas todas
háblame de la Eternidad"
Ya por fin te me dormiste.
Por fin tu dolor cesó.
Y aquí me dejaste
agarrado a tu mano,
como tenía que ser...
Y a pleno mediodía
las tinieblas devoraron mis ojos.
Pero sigo con esta nana,
narcotizándote aún más
para que tu tránsito sea pleno.
"Ea la ea, ea la ea.
Vete, madre, a recoger flores.
Bendita seas
y cuando las tengas todas
dámelas para enjugar mi pena"
Fuengirola, 3 de junio de 2015

...ES QUE TE AMO

..ES QUE TE AMO

Ver algo sin ti
sería mirar a una sima tenebrosa
sin percatarme de su dimensión.
No tenerte
secaría mi alma y mis ojos de lágrimas
porque estaría muerto.
Caminar sin tenerte a mi lado
dejaría las aceras sin nuestras sombras.
Tocar una piel sin ser la tuya
sería como darme arañazos a mí mismo.
Estar en casa sin ti
sería como estar en un yermo desolado
donde mi ánimo dejaría de arder.
Y besar sin tener tus labios
dejaría mi boca con una mueca absurda,
temblorosa y perdida en lo inexplicable.
Tú yo somos uno
igual que el cielo y el mar
hace uno al horizonte,
formado de las dos sustancias.
Tu sonrisa
se ha convertido en una necesidad
y lo único que comprendo de todo esto,
lo único que siento,
lo único que late en mi ser completo
es que te amo.
Fuengirola, 6 de enero de 2016.


EL PUENTE DE MI ESPERA

EL PUENTE DE MI ESPERA

Yo iba desnudo por la acera
contemplando las farolas apagadas.
En nuestro puente te esperé sonámbulo
para mostrarme frente a ti sin nada,
sólo con mi amor y las candelas
que ardían en mí, por ti atizadas.
Cuando llegaste, me encontraste
con tu luz en mi mirada
y yo enmudecí de gozo
cuando tu manos exploraron mi garganta,
deseando que mi voz te bienquisiera
con todo el verbo amar en mis palabras.
Oh, cariño de mis cariños,
cómo quise que tus labios me besaran,
que dejaras sin más besos mi boca
allí solos tú y yo con nuestras almas.
Tú cubriste con tu abrigo mi vergüenza
y volvimos muy despacio hacia mi casa.
Retraté cada pisada que anduvimos
para luego volver solo a caminarlas.
Desde entonces, fue ambulante tu presencia
llenando con tu amor cada ventana,
para luego continuar con mis tinieblas
arañando con tu adiós toda mi calma.
Las farolas se alargaban en la acera
a medida que mi voz te sollozaba.
Cuánto llanto dibujabas en tu rostro,
en tu voz y en tus trémulas palabras.
Y la casa se quedaba tan vacía,
tan vacía y tan oscura se quedaba,
que soñaba con el puente de mi espera
deseando oír la voz de tus pisadas.
Ya se fueron para siempre tus adioses.
Te impregnaste en cada muro de la casa.
Ya los años esculpieron nuestra historia
cinceladas beso a beso y sin palabras.
Para siempre latirán nuestras canciones,
Hasta el día en que no exista ni una lágrima.
Para siempre seguiremos lado a lado.
Hasta el día en que no sea la Vía Láctea.

Fuengirola, 25 de febrero de 2017.

miércoles, 8 de octubre de 2014

DÉJAME

Déjame mis coplas para cantarlas
Deja mi poema en la pluma para escribirlo,
que mis versos me emocionen y te emocionen
y mis pasos se llenen de mil caminos.
Deja mi brillo oculto para mis noches.
Deja que mi pena llore todas sus lágrimas.
Deja que mis perdones olviden todo,
que se queden agazapados en esta calma.
Deja mi paz en paz, no te interpongas,
no viertas mi mansedumbre en este enojo.
Deja que mis bosquejos tomen su forma,
que me asombre la Vida si es su antojo.
Deja que mis mañanas tengan caricias.
Deja que mis miradas continúen limpias.
Deja que sus besos me besen siempre,
que mis labios le den los míos y mis primicias.
Déjame vivir lo no vivído,
recorrer aquella acera nunca pisada,
quiero saber hasta donde llega.
Quizás me encuentre con una playa
donde nadar desnudo con las estrellas
o contemplar la luna desde una barca.
Déjame con mis sueños recién nacidos
y que viva los viejos que una vez tuve.
Cierra los ojos, no digas nada
porque iré por senderos que nunca anduve.
Deja que mis labios tengan palabras,
que mis ojos miren lo no mirado,
que el polvo que contengan mis dos sandalias
me hagan saltar los muros nunca saltados.
Deja que mi risa ría lo no reído.
Deja que mi boca diga lo nunca dicho.
Deja que mi piel sienta lo no sentido.
Déjame por fin gemir lo no gemido.
Deja que mi duelo sea el más oscuro,
que mis lágrimas me rajen como un cuchillo.
Deja que me saque el corazón si es necesario.
Necesito recogerme en lo más íntimo.
Véte, desaparece, no estés tan cerca.
Déjame solo ya, sin más litigios
que me impida rebuscar en mis bolsillos
el pañuelo que guardé para llorarla.
Alísame la tierra del camino.

Fuengirola, 8 de octubre de 2014

sábado, 8 de marzo de 2014

EL PUENTE DE MI RÍO

EL PUENTE DE MI RÍO


Amo el reloj cuando da las siete de la mañana
y todo yo se echa a la calle para beberse el frío,
el momento en que la luz del tren
aparece por su curva de siempre…
Amo el olor del pan caliente en la tostadora
mientas se hace el café.
Amo tu silencio, ahí dormido en nuestra cama
mientras la mañana escribe una nueva historia.
Amo ese momento en que me acuesto, rendido,
y tú abres los ojos y me sonríes,
para luego dormirte de nuevo.
Amo tu presencia, tu voz, el modo en que me miras,
esa manera tuya de sorprenderme,
esa manera tuya de quererme.
Amo ser la inspiración de tus latidos
y que los míos contengan todo este amor.
Nuestros años juntos van escribiendo
nuestras páginas sin borrón alguno,
con trazos limpios y certeros.
Tener tu mano en la mía, ya de viejos,
es mi única ilusión,
seguir sintiendo tus besos
en los pliegues de mi piel ya marchita.
Nuestros paseos diarios
serán nuestra conversación,
adivinaremos siempre lo que estemos sintiendo,
lo que no hace falta expresar con palabras
porque nuestra presencia lo dirá todo.
Amo el instante en que te ví
esperándome en la estación,
cuando te subiste al tren
para hallar mi primer abrazo
y continuar juntos el viaje.
Cómo odiaba tus adioses
cada domingo por la tarde,
cómo lo penaba hasta el viernes
en que volvías de nuevo,
y tú, de qué manera llorabas por dentro.
Lo dejaste todo por tenerme siempre,
tus amigos, tu casa, tu gente…
y yo me convertí, amor,
en un árbol que florece siempre.
La felicidad avivó mi sangre
porque eres el dompedro de mi patio,
el núcleo de mi circunferencia,
el farol encendido de mi plaza,
el puente de mi río,
el remo de mi barca.
Eres el olivo de mi monte,
el poema que mis versos forma,
la línea recta de mi horizonte,
la ropa tendida de la azotea,
la veleta que no gira nunca
aunque los cuatro vientos lo ordenen,
el momento en que la lluvia cesa
tras una noche de tormenta.
Eres el vaso de cristal
que contiene mi agua,
la ráfaga de luz de mis tinieblas,
el paso de mis sandalias
en esta rectitud que tanto amamos.
Eres la canción de mi garganta,
la sombra que mi estío necesita,
la vida que da vida a mi soñarte,
la acera que mis pies desean andar.
Por ti, puedo ver
la cara que la luna oculta,
la página final de nuestra historia
que seguirá leyéndose después de nosotros.
Una historia que no tendrá final
hasta que siga vivo el útimo que nos recuerde.

Fuengirola, 8 de marzo de 2014







sábado, 16 de noviembre de 2013

UN CUENTO DE NAVIDAD




UN CUENTO DE NAVIDAD
Miriam se levantó aquella mañana un tanto melancólica. Se estaba acercando la navidad y no veía la manera de celebrarla. Su familia había menguado en unos pocos años y sólo quedaba ella. No tenía a nadie en la vida, quizás unas primas, pero jamás habían mantenido una relación estrecha y no era plan de telefonearlas a estas alturas, sólo por ser navidad. Aquel año fue el más amargo de su vida, su madre murió unos meses antes y se quedó completamente sola. Pero había decidido poner el árbol de navidad y el belén, incluso una guirnalda de abeto con bolas de colores en la puerta de la casa.
Una tarde antes había salido a comprar nuevos adornos y cuando llegó a la sección de las felicitaciones comenzó a mirarlas, pero cayó en la cuenta de que no tenía a nadie a quien enviarle ni una sola de aquellas preciosas tarjetas. Aquello fue lo que realmente la entristeció y lo que hizo que aquella mañana se levantase tan apesadumbrada.
De niña fue muy feliz en su casa con sus padres y sus dos hermanas, le encantaba cuando su madre subía del sótano la caja donde guardaba las figuras del belén y su padre venía con el árbol atado en la baca del coche. Aquellas ocasiones eran muy festivas, cantaban villancicos, ensayaban con los panderos, las zambombas y la clásica botella de anís como instrumentos de percusión y ya comenzaba a oler la casa a borrachuelos y a mantecados recién horneados. Sus hermanas, mayores que Miriam, se dedicaban a adornar los lugares más inaccesibles, el padre a enderezar y fijar bien el abeto y ponerle las luces y ella, con ayuda de su madre, adornaban el árbol. Siempre hacían un sorteo para que el ganador fuese el que pusiese la estrella en la cumbre del árbol.
El teléfono se quedó mudo hacía ya muchos años. Su madre enfermó y ella sólo tenía tiempo para cuidarla, sus amigas comenzaron a llamar cada vez menos, incluso aquel muchacho que tanto la pretendía se alejó, cansado de invitarla a salir y ella rechazara cada una de aquellas propuestas. Así durante más de quince años hasta que la madre falleció.
Hacía ya mucho tiempo que la navidad no era sinónimo de felicidad en su casa, pero ella jamás dejó de adornar la casa y poner el árbol, quería que su madre siguiera sintiendo aquellos días mágicos, aunque la ausencia de su padre y de sus hermanas pesasen en el ánimo de ambas.
Miriam encendió la tele y en la noticias salieron unas cuantas familias en paro que contaban cómo iban a pasar las navidades y se encendió en ella una idea que hasta estuvo a punto de firmarse un autógrafo a sí misma de lo que se admiraba en esos momentos.
Su madre le dejó una sustanciosa suma de dinero como para vivir holgadamente durante toda su vida sin tener que trabajar, así que se puso a hacer cálculos y pudo comprobar que dedicando cierta cantidad de dinero para regalos navideños y una gran cena de nochebuena, multiplicado por 50 navidades, que eran las navidades que estaba dispuesta a celebrar en un futuro, podría realizar aquella idea durante todas las navidades de su vida.
Sabía que doña Paquita, la del quinto, vivía sola y no andaba muy bien de salud; también don Eusebio, el del segundo, un abogado jubilado desde hacía muchos años. Le preguntó al portero si conocía a gente que viviese sola y éste le preparó una buena lista. Cuando vio que había alcanzado la cantidad de ocho personas dejó de buscar y se puso a visitar a cada una de ellas. Unas eran más reacias que otras, pero finalmente todas respondieron a la invitación de Miriam de celebrar la nochebuena juntos en su casa. Se agregó a la lista a Cecilia, una ecuatoriana que se quedó sola con su hijita de seis años tras el abandono de su marido; a Charo con sus dos hijos de siete y diez años, una madre soltera joven que vivía a dos manzanas de ella y que se quedó en paro hacía ya dos años; y a Enrique, un hombre maduro que iba siempre por la calle vestido de mujer, con fama de ser una persona excelente, pero que también vivía solo y sin nadie en el mundo, de joven fue artista de cabaret y pudo ahorrar lo suficiente para retirarse. Aún quedaba sitio para cuatro personas más, pero ya se encargaría ella de buscarlas en la calle, cuatro indigentes serían siempre sus invitados en las próximas nochebuenas, siempre tendrían un baño y ropa nueva y por supuesto, durante todo el año, ella haría un seguimiento para que no les faltase nunca un plato de comida.
El rostro de Miriam se iluminó, ¡le pareció un proyecto tan maravilloso, tan fácilmente realizable…!
Aún quedaban dos semanas para la nochebuena, serían dos semanas llenas de entusiasmo, visitó primeramente a Cecilia y luego a Charo y les pidió su colaboración para poder arreglar la casa apropiadamente para aquellos días. Cecilia y su hija Violeta se pusieron a elaborar adornos y Charo, que cocinaba de maravilla se puso a confeccionar el menú de nochebuena.
Una tarde Miriam propuso a Cecilia y a Charo que les acompañase a la casa de Enrique -aunque a él le gustaba que le llamasen Queta- para que éste fuese con ellas de compras y las asesorara, en plan personal shopper. Estuvo encantado.
Por fin llegó el día 24 de diciembre. Miriam se echó a la calle a buscar a sus indigentes, aunque ya les había echado el ojo a los cuatro que necesitaba para completar su mesa. Se fue a la Alameda y habló con un hombre joven que siempre estaba sentado en el suelo leyendo un libro.
-Hola, buenos días, me llamo Miriam y vivo muy cerca de aquí. Quisiera invitarle esta noche a mi mesa, veo que no le van muy bien las cosas y me gustaría que esta noche tan especial fuese usted un poco más feliz en compañía de buena gente. Piénselo y vuelvo en media hora.
El hombre se quedó sorprendidísimo y miró a Miriam sin pestañear mientras ésta se alejaba rápidamente hacia Puerta del Mar, una vez allí Miriam se fue a calle Nueva, donde solía ver a una señora muy mayor que se ganaba la vida pidiendo mientras cantaba por Conchita Piquer y Juanita Reina, con una voz cansada y rota que te partía el corazón. Allí estaba.
-Buenos días, buena mujer. ¿Sabe usted que canta muy bien?
-Gracias guapa, pero si me hubiera escuchado cuando yo era joven, entonces sí que cantaba bien, pero mi padre no quiso nunca que fuera artista…
-Verá, me he acercado a usted para invitarla esta noche a mi mesa. ¿Qué le parece?
La mujer se echó a llorar, no supo qué decir.
-¡Venga, venga, no se ponga así! ¿Cuál es su nombre?
-Remeditos, siempre me han llamado Remeditos.
-Tanto gusto, Remeditos. No se marche, que dentro de media hora estoy aquí de nuevo para darle una sorpresa.
-Sí, señora, no me muevo de aquí, como usted diga… -dijo la mujer lloriqueando-
Se encaminó hacia la calle Atarazanas para ver si había llegado ya aquella anciana que se solía sentar en el alféizar de aquel escaparate. Le sorprendía que nunca pidiese nada a nadie, pero le constaba que estaba allí para que la socorrieran. Sí, en efecto, ya había llegado, allí estaba como de costumbre, vestida humildemente, pero muy aseada y con la misma cara entristecida de todos los días. Siempre le sobrecogía aquella mirada muerta de esta mujer entrada en carnes y de bellas facciones.
-Buenos días, me llamo Miriam ¿y usted?
-Carmela, para servirla…
-Encantada, señora Carmela. Verá, le voy a proponer una cosa para esta noche tan mágica. Me encantaría que usted cenara conmigo en casa junto a otras personas de bien. Vivo bien cerca de aquí. No quisiera que mi mesa estuviese sin usted esta noche.
-¿Pero por qué hace usted eso? No me conoce de nada, no tiene por qué invitarme, ¡a una desconocida! y menos en una noche tan señalada…
-Precisamente por eso, porque es nochebuena. Y es por un acto egoísta, que no altruísta, que lo hago. Estoy sola en el mundo, mi madre falleció hace unos meses y en casa siempre nos ha encantado la navidad. No quiero dejar de celebrarla nunca en toda mi vida, pero sola no podría hacerlo. Necesito de usted y de otras personas que he invitado también para que sea de nuevo una noche mágica.
-Cuente conmigo y muy agradecida, pero yo no estoy sola, vivo con mi hijo, él está retrasado de nacimiento y pido para él, porque la paga que recibo del Estado es tan minúscula que no nos llega.
-Ah, pues perfecto, les espero a usted y a… ¿cómo se llama su hijo?
-Paquito, se llama Paquito, el ser más cariñoso y bueno que usted se pueda imaginar, a mí me quiere con locura, se pasa todo el día comiéndome a besos.
-Es usted afortunada. Vivir por alguien es muy valioso y lo menos egoísta que existe en esta vida. He quedado con unas amigas aquí mismo, estarán a punto de llegar. Acompáñenos. Tenemos que hacer unas compras y de paso a recoger a un par de personas que como usted, están en la calle pidiendo, son también mis invitados paraesta noche, va a ser una velada maravillosa, ya verá.
Cecilia, Charo y Queta llegaron puntualmente a la cita y fueron en busca del lector indigente de la Alameda y de Remeditos. Había caído en la cuenta de que no sabía el nombre de aquel hombre, claro, no le dio oportunidad a que articulase palabra alguna.
-Ya estoy de vuelta, le presento a Carmela, Remeditos, Cecilia, Charo y Queta, ¿y usted? ¿cómo se llama usted?
-Bueno, no sé de qué va todo esto, pero la verdad, no me huele mal –todos rieron- yo me llamo Felipe. Aquí me tiene, licenciado en Literatura hispánica y parado desde hace cuatro años, he perdido mi casa, mi mujer me dejó, mi gente la tengo lejos y no he tenido cara para regresar con una mano atrás y otra delante.

Pasaron toda la mañana comprando ropa. Cecilia se llevó a Remeditos a su casa para que se bañara y saliese de allí vestida para la cena y Queta se llevó a Felipe para lo mismo. Felipe vivía en una habitación que le pagaba un antiguo compañero de trabajo y Carmela tenia su propia casa en un humilde barrio de la ciudad. Remeditos también vivía en un bajo donde las ratas se paseaban a su antojo, en una de las pocas casas de vecinos que van quedando en el barrio de la Trinidad.

A las 8:30 ya estaban todos en la casa de Miriam. Los villancicos de Bing Crosby sonaban igual que en una de sus películas, el árbol tintineaba con sus cientos de lucecillas y los adornos que hicieron Cecilia y Violeta lucían preciosos en forma de guirnaldas de pared a pared sobre una magnífica mesa maravillosamente adornada con la vajilla de porcelana de la familia.
El timbre de la puerta no dejaba de sonar, la última en llegar fue doña Paquita la del quinto. Don Eusebio hacía un instante que había llegado y allí estaba con una copa de licor en la mano. Todo el mundo hablaba con todo el mundo. ¡Qué noche!
Charo estaba en la cocina terminando de hacer los canapés y un ponche navideño que había aprendido en Inglaterra cuando estuvo de jovencita estudiando inglés en casa de una familia. El árbol era admirado, pero más aún los numerosos regalos que había en su base, lo más normal del mundo cuando hay carencias importantes. La necesidad no sabe de protocolos ni de diplomacia, sólo se fija en poder obtener algo que llevarse a la boca y algo decente que ponerse.
Absolutamente todos resplandecían, no ya sólo por lo bien vestidos que iban, sino por aquella alegría que había impregnada en cada pared.

La cena fue fabulosa. Paquito hasta repitió la sopa de marisco que la madre de Miriam le enseñó a hacer. Fue lo único que cocinó, de lo demás se encargó Charo. Don Eusebio quiso aportar con el cava y los vinos y trajo una caja de cada cosa y doña Paquita se puso las pilas y de una anciana hastiada y sin ganas de hacer nada, se puso dos días antes a hacer borrachuelos, con lo laboriosos que son. Queta –vestida con un bonito traje en color malva y una chaquetilla negra de plumas- trajo regalos para los niños, que escondió en el armario de la entrada y unos turrones. Nunca nadie había celebrado una nochebuena de aquella manera. Hubo lágrimas, muchas lágrimas, pero luego, después de la cena y tras un buen rato cantando viejos villancicos, el reloj de pared dio las 12 de la noche. Todo quedó en silencio y las miradas de todos de nuevo se bajaron a la base del árbol.
-Ah, se me olvidó deciros… en el camino me encontré a Papa Noel y me dijo que como Paquito, Violeta, Andresito y Pepín no estaban en su casa, que yo hiciera el favor de entregaros estos regalos que dejé a la entrada –dijo Queta.
Los niños aplaudieron ruidosamente.
-Pues esta mañana también le ví en unos grandes almacenes y me dio regalos para todos, ¡así que al ataque! Cada regalo lleva los nombres de todos. –exclamó Miriam llena de entusiasmo-

A partir de aquella noche las nochebuenas tristes dejaron de ser. Miriam se encargó de que Carmela, Remeditos y Felipe no tuvieran que continuar en la calle pidiendo limosna. Al principio se hizo cargo de los gastos de las tres casas, pero se le ocurrió que Remeditos podría irse a vivir con ella, así ninguna de las dos estaría sola y le pillaría bien cerca de doña Paquita, pues ambas ancianas congeniaron muy bien desde el principio. Felipe se quedó en uno de los pisos que Miriam tenía en alquiler y el dinero que recibía éste de su amigo lo emplearía para comer. Carmela y Paquito recibirían mensualmente lo suficiente. Pudo hacer que una conocida suya empleara a Cecilia como dependienta en una panadería y movió cielo y mar para que Charo trabajase en el restaurante de abajo. Con el tiempo, también Felipe encontró trabajo en el bar de una gasolinera. Don Eusebio y doña Paquita también quisieron contribuir y abrieron una cuenta para los niños, para el día de mañana, como decían ellos.

El espíritu de la navidad continúa cada día del año en estas diez almas. No sólo se reúnen en nochebuena, desde entonces son gente que se han llegado a querer mucho y se ven con frecuencia. Carmela y Paquito van cada domingo a la casa de Queta a merendar. Queta sale con frecuencia con Miriam, sobre todo al teatro y de vez en cuando hacen una escapada por Europa. Charo y Cecilia son inseparables, les encanta salir con sus hijos al parque de atracciones, al cine, incluso algún que otro verano se han ido todos unos días a la playa. Felipe quiso pagar algo a Miriam como alquiler y a su amigo le ha pedido muy agradecido, que no continúe dándole más dinero, que ahora ya puede vivir dignamente con su sueldo. Doña Paquita ya no es esa anciana-muermo de antes, ahora suele invitar a Remeditos de merendola a las mejores cafeterías de Málaga, y don Eusebio, al enterarse, se ha sumado y los tres se lo pasan bomba.

La mañana del 7 de enero es cuando Miriam lo empieza a desmantelar todo. Saca el álbum de fotos de la familia y se sienta en el sofá mientras se toma un café recién hecho. Las lágrimas siempre salen al mirar a sus hermanas, tan guapas, tan llenas de vida, con aquella gracia que tenían, pero aquel accidente acabó con ambas en un segundo, fueron las que se llevaron a su padre, no pudo soportar aquello. Su madre fue más fuerte, jamás permitió que hubiese una sola navidad en que no luciera el árbol y el belén y le hizo prometer a Miriam que eso tendría que ser siempre así, incluso hasta cuando ella ya no estuviera, en realidad una animaba a la otra en este asunto . Mira una foto de su madre y continúa llorando.
-¡Cuánto te echo de menos, mamá! -es lo único que acierta a decir-
Se toma un sorbo de café, deja el álbum y mira a través de la ventana. Ha empezado a llover, pero al recordar a Queta, una sonrisa ha iluminado su rostro. Coge el teléfono y la llama:
-Queta, ¿nos vamos a las rebajas?

Fuengirola, 31 de octubre de 2013
Para que nunca nadie vea la navidad como algo triste, sino mágica. Aunque nos falten nuestros seres queridos, aunque su ausencia en la mesa nos duela, pero como siguen vivos en nuestro recuerdo, permanecen, están, continúan.

Enviado desde el Ipad de J.Ramon 

martes, 31 de julio de 2012

...Y MIS OJOS SE LLENAN DE LÁGRIMAS

…Y LOS OJOS SE ME LLENAN DE LÁGRIMAS

…y los ojos se me llenan de lágrimas
cuando tu sonrisa pulula por mi mente…
cuando lleno de ti, te pienso…
cuando en las horas que no estoy contigo
me bato en duelo con el reloj …

Los ojos se me llenan de lágrimas
cuando te presiento sin tenerte cerca,
cuando el sosiego que me transmites
narcotiza mi inquietud…

A veces, sin darte cuenta, me pongo a mirarte
y tú, ensimismado en tu libro o en una película.
Pero para mí mi texto eres tú, y mi espectáculo… tú.
Y es cuando no puedo evitar convertirme
en suspiro, en sonrisa contenida y en tequieros.

Mis ojos no dejarán de llorar nunca
porque sacas de ellos el alma que me das,
La vida que me das…

…Y los ojos se me llenan de lágrimas, sí,
porque tu vida la has dedicado a quererme
y mi corazón a quererte.
Eres el núcleo de mi ternura y yo…
lo que cuenta en tu vida.

lunes, 28 de mayo de 2012

UNA NOCHE DE MAYO CON MI PENA


Estoy en el mar.
Contemplo su inmensidad,
su casi inexistente oleaje acaricia mi cuello.
Siento el mar en mí,
Pero hasta que no llore todo este llanto
no se llenará del todo.
Cuando acabe de llorarla
la Tierra no lo podrá contener
y desaparecerán los continentes.
Y aún seguiré llorando.
Hasta que el planeta sea todo azul
y me ahogue yo mismo en esta pena.

Estoy en el mar
y su inmensidad me grita
lo que aún mis ojos tienen que llorar.
Y no me espanto, y no temo a la mañana,
porque sé que abriré los ojos
para sentirla en mis lágrimas.
Y volveré a sentir todas sus texturas
y a oír todos sus sonidos
y volverá a estar viva
y la seguiré escuchando decir
que me corte la barba
y que pierda estos kilos que me sobran.

Escucho sus últimos días y tiemblo.
Desando su dolor y muero
y al mismo tiempo me estremezco de felicidad
porque me dijo que sabía mi verdad
y que tenía un hijo más –mi amor-

Horror y alegría al mismo tiempo.

Oh, la muerte, cómo sentencia
nuestro gozo con su firma demoledora.
Nos apunta gustosamente en su gran libro
desde el mismo día en que vemos la luz
para luego tachar nuestro nombre
con su sádica sonrisa.
Cómo nos toca sin mirarnos siquiera,
sin preguntarnos si queremos seguirla o no.
Y nos disfraza de duelo…
Y nos emponzoña el alma…
Y hasta nuestra canción queda muda en la garganta.

Pero existe la esperanza
de que cuando mis lágrimas cesen
las aguas bajarán de nuevo
y brotará de nuevo la vida
y empezaré a cortar mis rosas
para adornar su lecho.
Y continuaré dando gracias
por los años que se me permitió tenerla
y por fin su memoria será amable
hasta el último día de mi vida.

No quiero salir del mar,
Es tiempo de estar en él,
de confundir mi luto
con el negror de sus aguas
en esta noche de mayo.
Me quiero sumergir en él
hasta el fondo, sin saber por donde voy
y volver de nuevo a respirar la noche
y que las estrellas lloren conmigo,
y que me ayuden a llegar a la playa
y sequen mi cuerpo mojado.
Luego regresaré a casa
para hallarle dormido y tranquilo.
Le besaré en la espalda
y abriré la ventana.
Suspiraré sin una sonrisa
pero feliz por ser tan amado,
por amar tanto, tanto…
y me dormiré tranquilo
pronunciando el nombre de Dios.

28 de mayo de 2012

sábado, 24 de septiembre de 2011

LA JUVENTUD

    Perdemos la juventud no en el momento de descubrir nuestra primera cana o nuestra primera arruga, sino en el preciso momento de hablar sobre los jóvenes en tercera persona. Podemos ser jóvenes con 90 años si aún siguen intactas nuestras ilusiones de siempre. Un joven  puede ser un anciano si no sueña, si no comete locuras maravillosas, si no está completamente convencido de que todo es lograble. La juventud no consiste en disfrutar de un cuerpo envidiable y de una salud a prueba de bombas, si luego el alma se tiene engarzada a una cadena de  eslabones llenos de miserias, tales como la intolerancia, el hastío y la apatía a todo.
    Yo seré siempre jovencísimo, aunque tenga la cara como una falda plisada y la espalda como una alcayata, aunque tenga la cabeza como una bombilla y tenga que usar báculo para sostenerme. Porque la juventud se tiene en los genes del espíritu, genes que pueden ser hereditarios, incluso transferibles, porque en esta vida todo se pega, tanto lo adverso como lo más óptimo. Por eso, también es interesante considerar ser contagiados de los genes jóvenes que tengan nuestros amigos, o contagiarlos de los nuestros, si son ellos los que adolecen de la ausencia de la juventud del alma.
    Ser joven te hace sentirte siempre enamorado o anhelando ese amor que aún no tenemos, te hace seguir imaginando el rostro de esa persona que te va a amar. La esperanza es la mejor crema anti-envejecimiento que existe. Una vez aplicada se te llena todo de luz, de ganas de que amanezca, de que el día siguiente sea una oportunidad más de seguir descubriendo cosas y de sentirte sorprendido con ellas.
    La juventud es el deseo innato que sentimos todos los que amamos la vida, de vivir en la piel cada instante y considerarlo como único e irrepetible.

    Fuengirola, 24 de septiembre de 2011

lunes, 22 de agosto de 2011

DE VECINO A VECINO



    Soy tu vecino. Sé que disfrutas de un trabajo que te da la oportunidad de llevar el sustento a tu familia. Tus hijos llevan zapatos y ropa que los guarece del frío en los días de invierno y tu esposa puede ir cada día al mercado a por todo aquello que le hace falta para prepararos una buena comida. Yo nada de eso tengo. Sólo una esposa enferma con los pechos secos de amamantar a nuestros cinco hijos, que sufren de necesidad extrema. No tengo trabajo y soy muy bueno en lo mío, puedo hacer que surja un huerto del mismísimo desierto, pero no tengo dinero para comprar semillas y plantarlas, ni agua para regarlas, ni ánimos para nada, al ver que van pasando los meses y los años y continuamos igual o en peores condiciones.
    Sé que tienes un hermoso coche que te lleva a todas partes. Yo ni un humilde carro, pues el que tenía lo tuve que vender junto a la vieja mula para poder comprar medicinas a mi familia, que se me muere, que me piden con sus ojos abiertos que los cuide, que haga algo por ellos, que aunque no les ayudo –porque no puedo- aún continúan creyendo en mí, porque siempre confiaron en mí y yo nunca les fallé.
    Tú posees un hermoso apartamento con todas las comodidades, con nevera, agua corriente y luz eléctrica. Yo sólo tengo una choza de madera con el techo de caña. Si queremos agua tenemos que caminar un día y medio para coger agua de un arroyo medio seco y si queremos luz tenemos que esperar a que amanezca para que los rayos del sol se filtren en las cañas de nuestro techo.
    Sé que cuando estás enfermo, con una sola llamada telefónica se presenta el médico en tu casa a los cinco minutos. Aquí no tenemos teléfono, así que tenemos que caminar muchísimo para hallar al practicante que nos pilla más cerca.
    Y somos vecinos, fíjate. Tú si quieres oportunidades tomas un avión, te presentas con tu documentación en regla y en dos días tienes un empleo allá donde vayas. Yo tengo que jugarme la vida metiéndome en una patera junto a la indigencia más absoluta, temiendo que el mar me trague y no vuelva nunca más a ver la luz del sol y encima yendo contra la ley y en el mejor de los casos que me atrapen y me devuelvan a mi ciudad, con toda la humillación que eso conlleva, no sólo ya porque me pueden sacar en los telediarios y todos vean mi pobreza y saquen conclusiones erroneas de mi persona, sino por presentarme de nuevo en mi casa delante de los míos con la cabeza baja porque una vez más me salieron mal las cosas. Es muy diferente a ti, que cuando regresas a tu hogar les llevas a cada uno de ellos un obsequio. Yo únicamente la decepción en mi mirada y en mis lágrimas y sufrir el tormento de que mis hijos metan sus manitas en todos mis bolsillos y no hallen ni un mísero caramelo, ni una moneda ni nada.
    Cuando teníamos nuestras épocas de lluvia y teníamos en abundancia, siempre hemos compartido todo con nuestros amigos, pero la sequía hizo que la gente se desperdigase buscando fortuna y mejores tiempos y ahora vivimos solos, las casas de nuestros vecinos están arruinadas por los vientos y el sol abrasador y todo es un yermo desolado. Y para más horror, tenemos que dormirnos cada noche con el miedo atroz de que alguna fiera se meta en nuestro hogar y nos devore. Cada noche duermo con un machete a mi lado para asegurarme de que mi familia estará a salvo.
    Yo no te pido de lo que te hace falta, sino de lo que te sobra. El dinero que puedas guardar en un banco sin sacarlo en años, puede salvar a mi familia, puede hacer que yo pueda establecerme por mi cuenta y sacar adelante mi casa. Estoy seguro que las cosas me van a ir bien y podré reunir tu dinero para devolvértelo. Por favor, vecino, que sólo nos separa un trozo de mar, que desde tu continente puedes ver el mío, incluso a mí saludándote con  un pañuelo y con la sonrisa más abierta que jamás he dado a nadie.
    Que a ti te puede pasar lo mismo, que no estamos libres del suceso imprevisto, y que te gustaría saber que yo existo para ayudarte. No oyes el llanto de mi mujer, desesperada por la pena, al ver a nuestros hijos lacios y desnutridos, ni oyes la respiración de mis hijos cada vez más apagada, ni me oyes a mí, que enloquezco y me tengo que salir para no asustarles cuando me abofeteo mi propia cara y caigo de rodillas mirando al cielo, sin hallar palabra alguna que exclamar. No quiero que mis hijos hayan nacido sólo para experimentar amargura en sus corazones. Quiero seguir teniendo esperanza y necesito que los míos sigan creyendo en mí, que voy a sacarles de todo esto. Quiero que se vean en una casa digna, saludables, felices, que puedan ir al colegio a aprender las distintas materias que los convierta en hombres y mujeres de pasos certeros y rectos, que también gocen de la oportunidad que tienen tus hijos de deleitarse con las obras maestras de los mejores artistas en una mañana de museos, o que se les engrandezcan sus corazones con una sinfonía en vivo en una tarde de concierto. Quiero seguir mostrándoles que la Vida no sólo tiene lo único que ellos conocen de ella, que también existe una vida de fantasía e ilusiones, de disfrute, de amabilidad…
    Meto este mensaje en una botella y si algún día me lees, acude a mí y ayúdame, por favor. Estaré esperándote en la otra orilla con las manos abiertas y con mis brazos ávidos de tenerte. Ese día caeré, las energías que me obligaba tener para esperarte se me irán y tendrás que ayudarme para mostrarte toda la miseria que me tiene aún con vida. Te pido que no permitas que desfallezca en el último minuto, que no me vean los míos sin más argumentos, que me sigan viendo como el dador de ilusiones que siempre fui y que mi mujer me dé un beso en los labios y vuelva a ver su maravillosa sonrisa, grande, abierta y preciosa.

Fuengirola, 22 de agosto de 2011.

miércoles, 4 de mayo de 2011

AGRADECIMIENTOS

Muchas gracias a los 13 países que me visitan, como son: Estados Unidos, Alemania, Guatemala, Argentina, Canadá, Perú, Puerto Rico, Singapur, México, Colombia, Venezuela, Paraguay y España. Os mando un fortísimo abrazo desde España y mi agradecimiento más sincero. Espero poder entreteneros un rato cada vez que leéis algo mío.
Vuestro amigo,  Manolo.

martes, 3 de mayo de 2011

LA CUMBRE DE LOS NARCISOS NEGROS



    Jonás iba caminando por la calle peleándose con sus miserias, no hacía caso ni a los escaparates, ni a los semáforos en rojo... hasta que de pronto el chirriar de las ruedas de un Audi azul frenando en seco lo despertó de su letargo. Advirtió que tenía que solucionar su vida, era él o él. Continuó su camino y en un callejón que le pillaba de paso para llegar a su casa, halló en el suelo un mp-3 con los auriculares puestos. Miró a ambos lados del callejón, no había nadie, así que se agachó y lo cogió. Era de una marca desconocida para él, se puso los auriculares y apretó el botón de "play". No salía melodía alguna. De pronto se oyó una voz y pensó que sería el preludio de alguna canción  y que a continuación comenzaría la música, pero no.
    -Hoy por poco mueres, yo hice que el conductor de ese coche parase para que no te atropellara. Tú andabas triste, enloquecido del dolor que te corroe el corazón. Sé lo que te pasa. Quieres olvidar lo que te han hecho, lo que tú mismo hiciste, para no tener remordimientos. Sé que deseaste poner fin a tus problemas, que por fin estás consciente de que tienes que hacer algo para hallar de nuevo el equilibrio en tu vida, la felicidad eterna que siempre anhelaste. Hoy cambiará tu vida, pero todo tiene su precio, así que quiero que me obedezcas en todo si quieres que tu felicidad sea inagotable.
    Asustado se quitó los auriculares temblando y estrelló el mp-3 contra la pared con todas las fuerzas de su alma. En ese momento volvió a sentir aquel pesar que le envenenaba el pensamiento y todo su ser. Se alejó de allí, sintió que la vida se le desmoronaba por segundos, contra más se alejaba de aquel callejón más perdido se encontraba, las casas las veía oscuras, el cielo, el asfalto... todo. Era como si caminase entre las tinieblas de una madrugada dentro de un bosque tenebroso. Se paró y se abrazó a una farola, necesitaba sentir el frío metal en su cara y en sus manos y sintió que el corazón se le salía de dolor. Comenzó a recordar la promesa que le hizo aquella voz, lo bien que se sentía al oír aquellas palabras. Decidió que debía volver a por aquel cacharro, quizás no estuviese roto del todo y que aún funcionaría. Allí estaba en el suelo sin un rasguño, palpitante, vibrando, como si tuviese vida propia. Lo volvió a poner en funcionamiento.
    -Vaya, veo que has recapacitado. ¡Bien hecho! -continuó diciendo el mp-3-
    -Pero, ¿quién eres? ¿De qué me conoces y cómo sabes del accidente que estuve a punto de sufrir?
    -Sé de ti absolutamente todo de tu vida, de la gente que has conocido, de las maldades que han cometido contra ti y de todo lo que estás sufriendo por ello. Sé que has estado viviendo una vida casi perfecta, rodeada de gente decente, que has aprendido verdades enormemente provechosas y que luego tu espíritu se apagó y que todo tú eres ahora un guiñapo, que sufres porque todas tus ilusones y esperanzas se esfumaron, porque alguien con su mal hacer te hizo comprender y conocer lo diferente que eres, que para nada encajabas en esa vida donde todo es amor, cordialidad y pureza. Alguien impropio de vivir en la Ciudad Justa acarició tu piel y te hizo sentir lo que realmente necesitabas sentir, lo que deseabas vivir y te saliste de allí para entrar en el mundo porque sabías que aquí hallarías muchas manos que te harían sentir ese placer que sentiste aquella primera vez. Hoy eres una persona muy diferente, tu piel está llena de las huellas de mucha gente que pasó por tu vida y te sientes sucio. Sin embargo, no quieres prescindir de la felicidad que tenías en la Ciuda Justa. Quieres tenerlo todo. Pues bien, si haces lo que te digo lo tendrás.
    -Sí, veo que me conoces y estoy aterrado, ¿quién eres? ¿y cómo un aparato como éste puede estar teniendo una conversación conmigo? Esto no es un móvil, es un mp-3.
    -Soy alguien que exige devoción de tu parte, me gusta ser idolatrado. Debes ir a verme cada sesenta días a la Cumbre de los Narcisos Negros. Al final de esta conversación hallarás una carpeta en este mp-3 con la dirección. Está a cuatro semanas de camino hacia el norte, sin desviarte ni un metro. Quiero que vayas a visitarme con las manos llenas de nombres de las víctimas que tú mismo habrás elegido. Éstas necesariamente deben ser personas felices, personas llenas y enamoradas, personas que disfruten de prosperidad. Tú debes dejar en sus manos un obsequio, éste hará el resto.
    -No comprendo. ¿Me pides que yo le entregue un regalo a la persona que yo elija?
    -Eso es. Cada vez que regales a alguien algo que compres especialmente para él, el regalo absorberá parte de su felicidad transmitiéndose a ti. La persona sentirá que surgirán problemas en su vida y eso la inquietará. Cada instante de su infelicidad será para ti instantes de felicidad. Creo que vale la pena, ¿no?
    -No me creo que eso pueda suceder. ¿Estás diciéndome que yo seré feliz a costa de la infelicidad que yo ocasione a los demás?
    -Eso mismo dije.
    -Y contando que eso sea cierto, ¿cómo podría yo ser feliz sabiendo que he causado la ruina a otras personas? La conciencia no me dejaría en paz.
    -Por eso precisamente quiero que vengas a verme cada sesenta días. Con cada nombre que me entregues yo te proporcionaré una Vaina de la Conciencia. Cada vez que comas de su fruto la mala conciencia que tengas será borrada de tu mente y por supuesto, de tu corazón. Así podrás seguir disfrutando de la felicidad sin los efectos secundarios que traen los remordimientos. Pero tendrás que hacer otra cosa: todo el tiempo que dure el viaje tendrás que mantenerte en silencio y meditar en mí, creer y sentir que me adoras. De ningún modo debe salir palabra alguna de tu garganta. Si eso ocurriese significaría que tu adoración no es absoluta y lo estropearías todo y sería tu perdición.
    -¡Hecho!
   
    A Jonás se le abrieron las puertas de la felicidad, de la prosperidad económica, halló la manera de embaucar a gente inocente para satisfacer su egoísmo personal. Fue recibido en hogares de buena gente, agasajado, querido, admirado... pero él sólo pagaba a cada uno de ellos con un trozo de maldad envuelto en un papel azul. Siempre que conocía a alguien que estaba felizmente casado, con importantes posesiones materiales o que gozase de buena salud, allá que iba él con su paquetito vestido de osito de peluche, pero con el interior relleno de alacranes venenosos.
    Así pasaron algunos años. Jonás seguía gozando de juventud, de una salud envidiable y de una gran fortuna en el banco. Todo a costa de que la situación en las vidas de las personas que eran agasajadas por él sufriesen reveses increíbles, como la de su jefe, un buen hombre que siempre confió en él, integrándole hasta en su hogar como uno más de la familia. Jonás apareció una nochebuena con un obsequio para cada uno. El día de navidad el jefe amaneció en la cama con un ataque de apoplejía, a los pocos días la esposa de éste fue hallada con la garganta abierta y sin vida tras ser atracada por unos delincuentes en el parking de un supermercado y la hija menor, que estaba felizmente prometida con el hijo de una familia adinerada de la ciudad, descubrió que su novio llevaba una doble vida al encontrarlo en el cobertizo haciendo el amor con el capataz de la finca entre balas de paja...
    Aquello trajo mucha prosperidad a Jonás, ya que sustituyó al jefe en la gerencia de la compañía de seguros donde trabajaba. El secretario del jefe halló un documento en la caja fuerte del despacho, donde venía escrito sus deseos de que en caso de que le pasara algo,  que su puesto lo cogiese Jonás, pues había demostrado en el tiempo en que llevaba en la empresa que estaba más que cualificado para desempeñar el papel de gerente.
    La muerte de la mujer del jefe le llenó de energías renovadas, y lo que le sucedió a la joven le dio la oportunidad de rondarla  durante un tiempo y casarse con ella. Quería demostrarse que podía llevar una vida hetero, que su vida anterior fue sólo circunstancial. Todo lo bueno que le venia era a consecuencia del mal que le acaecían a otros. Pero todos tenemos una conciencia y la suya estaba resultando mal parada, y aunque decidió hacer caso omiso a los deseos de esa voz y no ir jamás a la Cumbre de los Narcisos Negros, sintió la necesidad de ir porque cada noche le era más insoportable apagar la luz, los remordimientos no le dejaban dormir. Era un poco embarazoso tener que escabullirse no sólo de la mujer, sino del despacho, cada vez que tenía que emprender su viaje puntualmente cada sesenta días, pero no tenía otra. No podía decir su secreto a nadie, estaría perdido si alguien lo hubiera descubierto. Una de las veces que tenía que ir no fue y la empresa empezó a caer vertiginosamente, también enfermó de una afección renal y a su mujer se la veía triste por no poder quedarse embarazada y ya no era tan cariñosa como antes, al contrario, la notaba cada vez más distante, como si le guardase alguna clase de animadversión y él volvió a refugiarse en hombres que eran como él. Un día decidió organizar una fiesta para inyectar a todos de alegría y optimismo –eso era el lema de las invitaciones que envió, pero en realidad fue para conocer un poco mejor a los miembros de la directiva, así como a otros muchos magnates de las finanzas que también fueron invitados-.
    -Cariño, ¿por qué no invitas a tu monitor de natación y a la chica que te da los masajes? Creo que te sentirías más cómoda al estar con gente conocida y no habitual en nuestros saraos –él sabía muy bien por qué le pidió eso a su esposa-
    La velada fue un éxito, sobre todo cuando finalizó la cena. Mandó a los camareros del catering que entrasen. Todos vinieron con las bandejas repletas de pequeñas cajitas envueltas en el habitual papel azul. Un regalo para cada invitado.
    Al día siguiente notó que se levantó con mucha vitalidad, bajo los escalones como un chaval de 20 años, enseguida se dio cuenta de que algo había sucedido. Mientras desayunaba abrió el periódico por las páginas de sucesos, seguro de que vendría algo interesante. En efecto.
    -Cariño, es increíble. ¿Te acuerdas del señor Menéndez? El dueño de la cadena de electrodomésticos… pues ha muerto esta noche pasada. Pone aquí que fue en un accidente en la autovía, la mujer ha quedado muy mal herida. Seguramente ocurrió cuando iban de camino a su casa tras haber cenado con nosotros.
    -¡Qué horror! Es increíble, anoche tan felices todos juntos y hoy de cuerpo presente y su esposa, pobre mujer, me pareció encantadora. Tenemos que mandarle unas flores.
    -Yo me encargaré de eso –dijo Jonás un tanto aturdido por la ocurrencia de su mujer, pues de ninguna manera podía hacer eso. No podía mandar flores a un muerto y mucho menos a una moribunda, sólo se le había autorizado hacer regalos a gente sana, si hacía lo contrario, el mal que sufrían las personas a quien agasajase le vendrían a él directamente.
    -Llaman al móvil, disculpa –dijo Natalia, su mujer-
    A los pocos minutos apareció en el comedor pálida cayendo derrotada en la silla.
    -Cariño, Susi, mi masajista. Acaba de llamarme su marido. Ha sufrido un accidente esta mañana mientras se secaba el pelo. Le han amputado una mano y menos mal que la electricidad le salió por ahí, si no, no lo cuenta. Ha dicho que está mirando en la agenda de ella para ir avisando a los clientes que tenían que ser atendidos hoy por ella. Pobrecita, con tantos hijos a los que criar aún.
    -Es cierto, que Susi siempre habla de ellos –dijo Jonás en una mueca de satisfacción-
    -¡Vaya, el móvil de nuevo! Qué extraño nunca suena a estas horas tan tempranas y ya van dos llamadas.
    Atendió la llamada y se le cayó el móvil de las manos tras la noticia que le dieron.
    -¿Pero qué tienes, qué te pasa? –preguntó Jonás-
    Ella le miró sin pestañear, conteniendo la respiración hasta que finalmente en un profundo suspiro pudo hablar.
    -Es Marina, una de las monitoras del gym, para decirme que si quiero, que ella misma me entrenará hoy, porque Tony, mi monitor, ha sufrido un grave accidente tras arrojarse desde el trampolín. ¿Dios mío, pero qué está pasando? Dame un cigarrillo, ¿quieres?
    A Jonás no se le movió ni una ceja, su rostro era estático como el de una estatua, pero en su interior sentía un gran gozo, comprendió por fin aquella mejoría repentina que sintió aquella mañana. Simuló contrariedad, asombro, aunque lo que realmente sentía era una inmensa felicidad por recobrar de nuevo su salud y seguramente su mujer en poco tiempo le daría noticias, ya que la fertilidad de Susi podría traspasarse a ella. Así de retorcidas llegaron a ser las ideas de Jonás.
    Decididamente tenía que seguir cumpliendo con el compromiso que tenía con la voz. No podía faltar ni una sola vez a su cita en la Cumbre de los Narcisos Negros.

    Una tarde de junio, cuando ya estaba a punto de llegar a la cita bimestral que tenía desde hacía ya unos años, se encontró en el camino con una mujer joven. Llevaba un bolso en bandolera y una carpeta entre el brazo y el pecho y se la veía muy feliz.
    -Buenas tardes, caballero. Verá, he dedicado la mañana a hablar con los vecinos del lugar sobre un tema qua a todos nos debería interesar y me gustaría…
    -Lo siento, señorita, pero tengo muchísima prisa y no la puedo atender, así que tendrá que disculparme.
    La joven no se dio por vencida y continuó su conversación, haciéndole preguntas para averiguar la opinión de él sobre el tema de conversación que emprendió. Poco a poco ella le fue envolviendo y él olvidó por completo aquella urgencia que tenía de llegar a su destino, hasta que, de repente se tapó la boca con una mano y dejó de hablar y se marchó sin mirar atrás, dejando a una sorprendida joven con un libro en la mano que sacó del bolso. Corrió tras él y se lo dio y ya le dejó marchar. La chica sonrió y siguió su camino.
    Cuando ya estaba a punto de llegar para entregar a la voz los nombres de las personas que fueron agasajadas en la fiesta, sintió una potente brisa que le heló la nuca. Dejó sobre un pedrusco lleno de musgo los papeles cada uno con un nombre y habló alzando la voz, como hacía siempre que iba, pero no contestó nadie. De repente la oscuridad de aquel lugar se llenó de luz, los narcisos se volvieron amarillos y aquella niebla que surgía de la nada se disipó en un abrir y cerrar de ojos. Los nombres de los invitados salieron volando hasta perderse en la sima profunda donde nacía aquella montaña. Se quedó muy sorprendido. La voz desapareció, la oscuridad, la niebla… ¿qué iba a ser de él? –se preguntaba-
    Al llegar a su casa tras un cansado viaje de vuelta vio con estupor que la casa había desaparecido, todo fue pasto de las llamas. Todo se redujo a un solar lleno de escombros con un cerco policial de plástico amarillo rodeándola por completo. Cuando viajaba a la Cumbre de los Narcisos Negros nunca se llevaba el móvil porque tenía que mantenerse en silencio durante todo el camino y por eso no pudo ser localizado. Fue a la policía y allí le informaron que su mujer había fallecido en el incendio y que hacía dos semanas que se celebró el sepelio ante el paradero desconocido de él. De repente sufrió un desvanecimiento. Se despertó en una cama de hospital todo entubado. Lo primero que vio fue el rostro de una enfermera sonriendo. Era ella, la joven que le regaló el libro en el camino.
    -¡Por fin se despertó! Ha estado en coma más de una semana, sufrió un infarto. Soy Loida, su enfermera, voy  a avisar al doctor.
    Allí acostado miró a su alrededor y advirtió que encima de la mesilla estaba el libro que ella le regaló. Lo cogió y vio que se trataba de un libro de temas bíblicos, pues en el viaje ni lo abrió. Se acordó que todo aquello que le estaba pasando era por haber hablado con aquella mujer, tenía que haber permanecido en silencio todo el viaje como siempre hacía.
    De nuevo el bien venció al mal. Recordó que por mor de aquellas caricias que recibió de aquel hombre y él responder a ellas, lo llevó a convertirse en el ser más abominable de la Tierra, al huir de la Ciudad Justa y dejar de disfrutar de la protección que siempre disfrutó en ella. Lloró amargamente. Proyectados en la pared vio los rostros de todos los que padecieron enfermedades y muertes por su causa y sintió que de nuevo la conciencia volvió a él. Lloró, lloró mucho. No pudo soportar estar consciente del daño que hizo y agarrado a ese libro la vida se salió de él.

Fuengirola-Málaga 1-3 de mayo de 2011.