lunes, 28 de mayo de 2012

UNA NOCHE DE MAYO CON MI PENA


Estoy en el mar.
Contemplo su inmensidad,
su casi inexistente oleaje acaricia mi cuello.
Siento el mar en mí,
Pero hasta que no llore todo este llanto
no se llenará del todo.
Cuando acabe de llorarla
la Tierra no lo podrá contener
y desaparecerán los continentes.
Y aún seguiré llorando.
Hasta que el planeta sea todo azul
y me ahogue yo mismo en esta pena.

Estoy en el mar
y su inmensidad me grita
lo que aún mis ojos tienen que llorar.
Y no me espanto, y no temo a la mañana,
porque sé que abriré los ojos
para sentirla en mis lágrimas.
Y volveré a sentir todas sus texturas
y a oír todos sus sonidos
y volverá a estar viva
y la seguiré escuchando decir
que me corte la barba
y que pierda estos kilos que me sobran.

Escucho sus últimos días y tiemblo.
Desando su dolor y muero
y al mismo tiempo me estremezco de felicidad
porque me dijo que sabía mi verdad
y que tenía un hijo más –mi amor-

Horror y alegría al mismo tiempo.

Oh, la muerte, cómo sentencia
nuestro gozo con su firma demoledora.
Nos apunta gustosamente en su gran libro
desde el mismo día en que vemos la luz
para luego tachar nuestro nombre
con su sádica sonrisa.
Cómo nos toca sin mirarnos siquiera,
sin preguntarnos si queremos seguirla o no.
Y nos disfraza de duelo…
Y nos emponzoña el alma…
Y hasta nuestra canción queda muda en la garganta.

Pero existe la esperanza
de que cuando mis lágrimas cesen
las aguas bajarán de nuevo
y brotará de nuevo la vida
y empezaré a cortar mis rosas
para adornar su lecho.
Y continuaré dando gracias
por los años que se me permitió tenerla
y por fin su memoria será amable
hasta el último día de mi vida.

No quiero salir del mar,
Es tiempo de estar en él,
de confundir mi luto
con el negror de sus aguas
en esta noche de mayo.
Me quiero sumergir en él
hasta el fondo, sin saber por donde voy
y volver de nuevo a respirar la noche
y que las estrellas lloren conmigo,
y que me ayuden a llegar a la playa
y sequen mi cuerpo mojado.
Luego regresaré a casa
para hallarle dormido y tranquilo.
Le besaré en la espalda
y abriré la ventana.
Suspiraré sin una sonrisa
pero feliz por ser tan amado,
por amar tanto, tanto…
y me dormiré tranquilo
pronunciando el nombre de Dios.

28 de mayo de 2012

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